De qué se trata

El Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara, junto con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Occidente (CIESAS-Occidente), crearon en el año 2016, la Cátedra en Estudios Regionales Guillermo de la Peña, con con el objetivo de consolidar el trabajo realizado durante más de 20 años en esta materia y fortalecer las actividades de docencia, investigación, vinculación y difusión del quehacer científico en las ciencias sociales y territoriales entre ambas instituciones.

Con esta Cátedra se busca reconocer la labor del antropólogo Guillermo de la Peña, iniciador de los estudios regionales entre 1970 y 1980 en la región Sur de Jalisco y fundador de la sede Occidente del CIESAS y del Centro de Estudios Antropológicos de El Colegio de Michoacán.

Anualmente se realizarán cuatro seminarios de investigación y discusión, con la participación de importantes académicos del ámbito de las Ciencias Sociales.

El mismo titular de la Cátedra, Guillermo de la Peña, compartió que la idea de la Cátedra es “recuperar en el Occidente de México el interés en el estudio de las regiones, no porque haya desaparecido, pero el interés sobre la región como sujeto de estudio se había diluido (…) Pensamos que la región sigue siendo importante porque hay muchos temas actuales y candentes, que requieren de miradas a la región, no a otro tipo de sujetos colectivos; por ejemplo en temas como la distribución espacial de la pobreza y la desigualdad”.

Con información de la Universidad de Guadalajara.

Historia

En las décadas de 1970 a 1990, surgió en México y en América Latina una fuerte corriente de estudios sociales que centraba su atención en “la cuestión regional” (en contradistinción de “la cuestión agraria” o “la cuestión urbana”). Explícita o implícitamente se aludía a “la cuestión meridional” de Gramsci, pero quizás un antecedente más inmediato eran los trabajos geo-historiográficos de la Escuela de los Annales, que planteaban como unidad de análisis un espacio conceptualizado de manera diferente a la nación, o a un grupo étnico (“tribu”), o a un sector socioeconómico (“clase”, “ramo”), o a una aglomeración urbana, o a un “segmento sociocultural”.

Participaban de esta corriente economistas, sociólogos, historiadores, antropólogos socioculturales, etnohistoriadores, arqueólogos y un nuevo tipo de geógrafos que rompía con la noción de “región natural” para interesarse en las dimensiones sociales e históricas que condicionaban la definición de los espacios.

La región no se concebía como algo estático y obvio sino como un espacio privilegiado de investigación, dinámico y complejo, acotado a partir de un problema que exigía diversas perspectivas. De hecho, el estudiar “la región” obligaba a asumir, en mayor o menor medida, un enfoque multi- o inter-disciplinario.

Al fundarse el Centro de Investigaciones Superiores-INAH, convertido luego en el CIESAS, varios proyectos colectivos buscaron insertarse en la corriente de estudios regionales, que no resultaba realmente novedosa para la antropología mexicana, pues en nuestro país la habían inaugurado y desarrollado con éxito Gamio, Redfield y Villa Rojas, Sáenz, Malinowski y de la Fuente, y –quizás con mayor elaboración conceptual—Aguirre Beltrán, Wolf y Palerm. Se tuvo así “proyectos insignia” (Valle de México, Altos y Oriente de Morelos, Altos y Sur de Jalisco, Chontalpa, Meseta Tarasca, Huasteca, etc.). Sin embargo, el interés por estas investigaciones fue declinando en la década de los noventa, en coincidencia con los procesos de mundialización/globalización, la dislocación de las economías campesinas, los éxodos caudalosos hacia las ciudades y los Estados Unidos, la explosión urbana, la crisis del autoritarismo, la aparición de movimientos sociales (de clase y género, ecológicos, étnicos…) y de organizaciones de la sociedad civil, el replanteamiento de la cultura nacional centralista y homogénea… –fenómenos todos estos que reclamaban y reclaman urgentemente su conocimiento y análisis. Con todo, estas realidades presentan igualmente dimensiones espaciales; más aún, su interrelación heterogénea vuelve a requerir la pregunta por “la cuestión regional”, ya no solo en el contexto de la nación sino del sistema global.

Se propone, por tanto, la fundación de un seminario continuo, interinstitucional e internacional, que recupere con nuevos enfoques interdisciplinarios y comparativos, y con nuevas ambiciones teóricas y metodológicas, la corriente de estudios de la región y vaya formando una red de investigadores que replanteen las viejas temáticas en nuevos esquemas.