La historia desde hace varias décadas recibió la influencia de diferentes procesos sociales que han determinado sus enfoques y sus formas narrativas. Por ejemplo, a finales de la década de 1980, especialmente en Estados Unidos, la historia cultural se expandió en cuatro vertientes. La primera: el impulso del “giro lingüístico” que, con la ayuda de la antropología cultural, invitó a los historiadores a examinar las formaciones socioculturales como textos y atender los usos del lenguaje, y el análisis del discurso. La segunda: el acercamiento a la antropología estimuló a los historiadores a considerar a los artefactos culturales como performativos, más que simples expresiones. La tercera: el impacto del feminismo en el entendimiento de los vínculos entre las vidas públicas y privadas, y entre ficciones e ideologías. La cuarta: la influencia de los estudios literarios que concientizó a los historiadores de las nociones de intertextualidad y recepción de los lectores.

La historia cultural toma en cuenta lo “simbólico y su interpretación”. Los historiadores culturales se valen en sus estudios de dos conceptos importantes: prácticas y representaciones. En consecuencia, las nuevas temáticas en que se centra el historiador cultural le reclaman fuentes adicionales de información, como cartas, diarios, memorias, recetarios, objetos, fotografías, álbumes personales y familiares, y oraciones fúnebres, entre otras.

La historia de género estudia, según la define Joan Scott, cómo una organización social construye la diferencia sexual y las relaciones sociales y de poder entre hombres y mujeres.  Estas relaciones sociales establecen un orden de género que otorga ciertas prácticas, significados y representaciones a las diferencias del cuerpo, a las construcciones sociales de lo femenino, masculino y a las identidades de género y sexuales que refutan la diferencia sexual dicotómica. Estas prácticas y representaciones varían a través de las culturas, del espacio, de los grupos sociales, y del tiempo.

Dentro de la línea se resalta la interdisciplinariedad, los aportes y las discusiones entre la historia y la antropología. Se analiza la participación de las mujeres durante el proceso revolucionario y posrevolucionario. Se examina el proceso de la construcción de la ciudadanía en sus distintas connotaciones –social, económica y política—. Se rescatan las narrativas y representaciones sobre la clase obrera en perspectiva de género y los construcciones sociales de diversas  feminidades y masculinidades en el movimiento obrero organizado.

Se retoma el enfoque biográfico —un género revalorado en la década de los ochenta del siglo XX— para ahondar en el entrecruce entre la historia y la narrativa. Se estudia el movimiento cristero desde la perspectiva revisionista, y la pacificación. Se profundiza en el uso simbólico de los funerales de Estado y de jerarcas de la Iglesia católica como un tragaluz para observar las condiciones sociales, políticas y culturales de una época.

Temas: Historia de mujeres y de género (trabajo, deporte, cambio tecnológico, cultura material); biografías políticas, movimientos sociales y políticos; análisis simbólico de funerales.

Investigadoras:
María Teresa Fernández Aceves
Julia Preciado Zamora

Otras Líneas de Investigación

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